viernes, 24 de septiembre de 2010

PUNTO DE CRUZ

Natalia es ucraniana. Llegó a España hace ya 10 años, buscando una oportunidad.

Tiene los ojos azules, la piel clara y lisa y una cicatriz que empieza en el borde del labio inferior,y avanza ,en diagonal, hacia la barbilla. Lleva el pelo corto, de color gris, teñido quizás. Eso le hace parecer mayor, aunque sólo tiene 48 años.

Es Natalia una mujer de carácter. Cuando la conocí me pareció seca, fría, distante, antipática. Pero es la persona más dulce y sensible que he conocido. Se emociona con facilidad. La he visto llorar varias veces moviendo la fregona o aclarando su bayeta azul en el lavabo. Recurrente sitio para llorar!

Natalia es limpiadora en España (en Ucrania bibliotecaria)  Vive con su marido, su hijo y su perra en una casa propia, en Navalcarnero. Y trabaja de sol a sol. Se levanta a las 5 de la mañana y apenas descansa hasta las 23.00, cuando regresa a casa para maldormir y madrugar otra vez.

Cada tarde la veo. Sube a la imprenta donde limpia, de 18 a 22 embutida en su uniforme de limpiadora: camiseta y pantalón gris. Y siempre lleva con ella una bolsa de tela marrón que deja sobre una silla. La veo vaciar papeleras, recoger vasos sucios, fregarlos para colocarlos después. Luego limpia baños y barre restos de papel. Pasa la mopa, quita el polvo de los muebles, friega el suelo y todo huele a limpio. Cuando acaba, da un suspiro, se cuelga la bolsa al hombro y se va.

Natalia hace punto de cruz. En la bolsa lleva la labor. Me la enseñó un día, orgullosa. Una tela blanca, grande, apenas empezada. Es un paisaje precioso, un bosque por donde asoma un riachuelo y una casita al fondo: una taiga rusa. "No tengo tiempo para el punto de cruz" dice quejicosa "trabajo tantas horas... mi marido dice que saco la bolsa de paseo y aunque él metiera cualquier otra cosa ni me enteraría..." y ríe tristemente.

Hay días que no cose nada. Pero hay días que con un poco de suerte puede coser en un banco del parque, en un rato que tiene entre un trabajo y otro, en el autobús, en el metro... Cose al final de la jornada, cuando ya la imprenta está limpia y le sobran diez minutos y nadie la ve. Entonces se sienta, abre la bolsa de tela marrón, extiende el panamá, se pone las gafas, mira el esquema, cuenta los puntos, escoge el hilo, enhebra la aguja, da cinco puntadas. Mira el reloj. Es la hora! Vuelve a guardalo.

Veo a Natalia alejarse, cansada pero digna, cinco pasos más cerca de su taiga rusa.


5 comentarios:

  1. Precioso post Laura! Hay muchas formas de sentirse más cerca de casa... Enhorabuena por abrir el blog, será un lugar de reflexión para tí...

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  2. Ay Lauri con lo sensible que estoy.... me he emocionado!! casi casi veo a Natalia, cansada, con su bolsa... y feliz!

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  3. ¡Ostras¡...por un momento he pensado que leía una historia escrita por uno de tantos escritores anónimos para mi, pero que han sacado multitud de libros y que todo el mundo conoce....y no, esto es tuyo?, la prota es tu compañera de la que me hablaste??? jo Laura déjate de cursos de nutricion y dietista y ponte a escribir de manera profesional....por favor, me dejas leer mas?...por fi. Besos

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  4. Laura que lindo escribes ;) Has abordado un tema muy sensible para mi y en general para la gente de mi pais...

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  5. Gracias chicas!!! qué guay recibir tantos elogios jajaja

    miriam, podrás leer siempre que quieras. Pero es que de momento sólo tengo escrito estas dos cosillas. Tengo poco tiempo, ya sabes...

    Gaby, qué bien que te gustó y has aceptado la invitación!

    cristi: deja de moquear!!!!!!! y si quieres ver a la Natalia, pásate por la imprenta cualquier tarde!!

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