sábado, 9 de octubre de 2010

UNA HISTORIA DIVERTIDA


Es lunes en una fábrica textil en la Antigua Unión Soviética y cientos de trabajadores van y vienen con su uniforme azul oscuro. El ruido de las máquinas llega levemente hasta este despacho de la segunda planta, donde Arisha, Nina y Tasha ordenan facturas y revisan documentos. Las tres trabajan en silencio, sólo roto por el tic tac de un reloj de pared de marco dorado.

Alguien llama a la puerta y, tras ella, aparece un hombrecillo esmirriado y casi calvo. Es Vasili, un empleado del departamento de compras. Lleva un traje oscuro, zapatos negros y relucientes y, colgado del brazo, un abrigo gris. Un tipo gracioso.

Arisha, Nina y Tasha dejan sus quehaceres y se acercan al recién llegado.

-Me mandan a Moscú, a comprar telas. ¿alguna de vosotras necesita algo?

-¡Claro! un buen sujetador! - exclama Tasha, dándole a Vasili una palmada en la espalda que le hace casi tambalear.

Tasha tiene cincuenta años. Es una mujer alta y robusta y se sujeta el pelo en una coleta. Sus manos son grandes, su voz grave. Lleva un suéter rojo de canalé que no disimula unos pechos grandes y algo mustios.

Las tres mujeres ríen. Vasili cuenta un chiste y un par de anécdotas graciosas que le sucedieron el fin de semana. Luego se pone el abrigo, se despide de las tres mujeres y se marcha. Ellas vuelven a sus quehaceres silenciosos.

Vuelve a ser lunes en la fábrica. Arisha, Nina y Tasha trabajan diligentes. El reloj marca las nueve de la mañana cuando Vasili llama a la puerta y entra, con su traje oscuro, sus zapatos relucientes y su abrigo colgado del brazo. Lleva un paquete en la mano.

-Tasha, traigo esto para ti

Tasha se acerca curiosa, abre el paquete y lo mira sorprendida. Es un sujetador!! Sus compañeras se ríen y le recuerdan que ella misma se lo encargó a Vasili la semana pasada.

- Pero si lo dije de broma!!! - Tasha alza el sujetador, lo examina divertida y va a probárselo. Sus carcajadas se escuchan por el pasillo. Al poco rato vuelve y dice que le queda perfecto.

-¿Cómo supiste la talla exacta de sujetador? - le pregunta Tasha

Vasili se encoge de hombros. Mira el reloj que ya marca las nueve y media. Tiene una reunión con el subdirector del departamento de compras. ¡Ha de irse! 

Dos jóvenes empleadas de una corsetería de la calle Petrovka, en Moscú, recuerdan divertidas, mientras colocan en los estantes la mercancía que acaba de llegar, a aquel señor esmirriado que la semana pasada se puso las copas de un sujetador en la cabeza, a modo de sombrero, para averiguar la talla que debía comprar.



A Natalia, que me lo contó.

4 comentarios:

  1. jajaja, estos rusos tienen métodos infalibles para todo :)

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  2. es verdad! me pareció una historia graciosa, que merecía ser escrita! Los nombres son inventados, pero le sucedió tal cual, a una compañera de la madre de Natalia, en la fábrica de textil donde trabajaba, en la RSS de Ucrania

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  3. Ya van tres veces que leo la historia del sujetador, para cuando mas entradas en el blog?

    Un beso.

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  4. cristi, hija, ten paciencia!! te crees que me salen las historias como churros?? jajja

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